Los metales se hacen nobles a través de procesos de ebullición que les cambian la consistencia y la fisonomía. Lo sólido se desvanece en burbujas aéreas y lo que se pierde en densidad, oscura materia, se gana en ligereza y elegancia. De esas efervescencias transformadoras, surgen volátiles esferas cuyo juego de yuxtaposiciones con elementos y texturas, incluso ajenas al universo mineral, dan lugar a una armonía minimalista que busca emular el quieto e inaudible lirismo con que ciertas formas de la naturaleza y el cosmos se comunican entre sí.